Continuando con una serie de acciones destinadas a probar el alto nivel de creatividad que alcanzan los reos ociosos mientras toman caldo de cabeza en los penales del país, un ladrillo calificado como de alta peligrosidad intentó escapar desde la cárcel de Illapel disfrazado de basura.
El peligroso delincuente, que cumple una condena a 15 años por robo con homicidio, fue capturado por un vigilante que se percató que un tarro con desperdicios olía a mierda.
Según los que cachan el mote, Garay logró meterse en uno de los contenedores de la basura, donde permaneció varios horas mezclado con manzanas podridas, pañales desechables, condones usados, papeles con caca, y botellas de pisco, a la espera del camión recolector.
Cuando estaba a punto de lograr su objetivo fue descubierto por un gendarme con buen olfato, quien le ordenó salir del tarro o seguir rumbo al camión y quedar convertido en carne picada.
Tras su captura el asesino fue obligado a bañarse con creolina, fregado con virutilla, y trasladado hasta una celda de castigo de la cana serenense.
La captura fue celebrada con brindis en Gendarmería porque este año los reos van ganando por goleada.
Entre las últimas derrotas se cuentan la fuga de 29 reclusos desde el penal de Calama, el 21 de enero; y la del reo Luis Mena Soto, quien recuperó su libertad con un impecable salto en garrocha por sobre la muralla del penal de Coronel, el 2 de abril recién pasado.