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| 21 de Mayo de 2002 | |||
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Anoche, folclorista de 83 pepas dijo "sí, acepto" Tío Lalo Parra cumplió su gran sueño: ˇSe casó por la Iglesia!
La jornada comenzó a eso de las 19.30 horas. En pleno Paseo Philips, entre un local de comida china y un oscuro café con piernas, a metros de Plaza de Armas, se ubicó casi un centenar de amigos, familiares y curiosos. Todos a la espera de la pareja, la que días antes había pisado una oficina del Registro Civil para cumplir con las leyes de los hombres. Minutos más tarde apareció un auto coreano decorado con cintas blancas. En su interior, Eduardo, hermano de Violeta; Lautaro, Nicanor y Oscar Parra, junto a la mujer que lo desvela, la musa inspiradora de sus más recientes cuecas choras y su poco explotado jazz guachaca. Pese a que la céntrica sede sindical presentaba un inusual y producido look, con globos y manteles largos, nadie pensó en la alta convocatoria del evento, por lo que gran parte de los invitados permaneció de pie. Es que se dejaron caer decenas de representantes del mundo patriótico y amigotes varios de la pareja. Entre otros, llegó Jorge Yáñez, Ricardo Castro (grupo Altamar), Javiera Parra, Ximena Rivas, Cuti Aste y Pedro Messone. Todo el mundo de gala y expectante. El Tío Lalo vestido de riguroso blanco, listo para decir "sí, acepto", cuando sucedió lo impensable: su celular sonó y con un ring ad hoc, la marcha nupcial. Risas al por mayor. Inclusive del sacerdote a cargo de la misa, cuyo nombre prefirió omitir ya que no contaba con la autorización del alto mando de la Iglesia para celebrar homilías fuera de templos religiosos. El rito indica que tras las palabras del cura viene la bendición de argollas y el canto del "Ave María". Todo se cumplió al pie de la letra. Hasta que llegó el momento peak: el beso. Y el Tío Lalo, como un lolo quinceañero, juntó sus labios con los de Elizabeth con pasión, fuerza y lujuria. Posteriormente, vino el vals y el longevo artista volvió a echarse las décadas al hombro para moverse con su nueva señora, la cuarta en su vida. Los padrinos, Roberto Márquez (Illapu) y su señora, Juanita Palma, celebraron con un champañazo y palabras de buenaventura al nuevo matrimonio que confirma que para el amor no se requiere edad, sino corazón.
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