31 de Julio de 2002
ESPECTACULAR
CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA
LA BARRA POP
Comente aquí de esta noticia

ESPECTACULAR
Paulina Rubio visitará a pitufas en riesgo social
Show de Willy Sabor con las horas contadas: ¡El viernes pa' la casa!
"No me arrepiento de nada"
Figuras del cine y la música recibirán premios Kennedy
Jappening con Ja celebró a lo grande sus "Bodas de Plata"
Patty López tuvo sólo un invitado en su apio verde: Marco Enríquez
De lo bueno poco

 
Geisha chilena cuenta todo en biografía "Me llamo Anita Alvarado":


"No me arrepiento de nada"


Anita Alvarado se emocionó a la hora de lanzar oficialmente su biografía.

(Foto: Humberto Peragallo)

"Me llamo Anita Alvarado" es un libro que narra, como dijo la "geisha chilena" a La Cuarta, "mi historia, mis alegrías, mis sufrimientos y todo lo que fui y soy capaz de hacer por mi familia, por mis hijos". Y deja muy claro: "no me arrepiento de nada de lo que elegí hacer en mi vida".

Tras presentar a su familia en el capítulo "Los Alvarado", luego narra en "El vecino cariñoso" un episodio de pedofilia que pasó casi sin darse cuenta. "El viejo andaba a la siga mía y con el tiempo me empezó a dar plata". Primero fue a cambio de nada, luego un beso. Cuando su madre fue cachando el mote, le prohibió que lo viera, pero se las arreglaba para hacerlo igual. "Era todo un hueveo (...), le gustaba que una le pasara los churrines, así que yo le llevaba unos usados, porque no los quería recién lavados".

La primera vez

Su primer amor fue Ricardo, un vecino. "Me demoré como tres meses en perder la virginidad". Dejó de verlo. Después, cuando su amor de juventud estaba casado y con hijos, "me volví a acostar con él. Me llevé una gran decepción porque resultó ser muy malo para la cama (...).

El hecho que sin duda le cambió la vida a Anita, fue su primer embarazo. El padre de Angie, su hija mayor, fue un boliviano, piloto de Lan Chile con el que se metió, como dijo, "de puro chora". Nunca más lo vio.

Trabajó como asesora del hogar, luego en una fábrica de confección y, finalmente, en el Charlie Bar, donde aprendió la lección que ocupó mucho en Asia: "en la noche no hay amor, sino puro sexo y droga". Y lo entendió, por eso cuando le ofrecieron irse a Japón, no lo dudó. Allá se hizo amiga de unas colombianas que la aconsejaron como enfrentar a los clientes. Una de las cosas que más le acomplejaba "era que yo tenía negra la cuestión, la vagina; no como las otras que la tienen rosadita".

Ojos rasgados

En un teatro, con una especie de ring rodeado de mesas, hizo su debut en la Tierra del Sol naciente:


- Yo no me atrevía ni siquiera a abrir las piernas (...), lo único que veía era la cara del tipo, enojado, que estaba arriba de mí (...). Francamente no es lo mismo acostarse con una persona, aunque sea un desconocido, que tener 300 tipos mirándote mientras lo haces (...). Dejé el escenario lo más rápido que pude (...) me habían arrojado billetes y joyas (...). "Anda, no seas tonta, recoge tus ganancias", le dijeron sus colegas.

Su primera palabra en japonés fue wakaranai, que significa no entiendo. Allá también encontró el amor, pero no fructificó. A Yudi Chida, el que luego fue su esposo, lo conoció en el local en el que trabajaba. La primera vez que salieron a comer, le regaló 100 mil dólares en un maletín:


-Esa noche fue la única en que di besos apasionados, con lengua y también la primera y única que le hice una mamada (...). Lo dejé loco.

La relación, al principio, la definió como la que vivió la protagonista de "Pretty Woman". "Sólo cuando se supo lo de la estafa, me enteré de que siempre andaba regalando turros de plata a las mujeres que le interesaban". Al poco tiempo, el japonés le pidió matrimonio: "Amo a Tsukasa, pero más quiero a mi familia y a mis hijos. Ahora llegó la hora de elegir (...). Tanto le pedí a Dios que me diera, que ahora no lo voy a desaprovechar". Dejó de lado su corazón y se quedó con el millonario, un ejecutivo de una corporación de vivienda. "Todo bien hasta que empezó 'a echarme en cara todo lo que me había dado'". Incluso una vez, tras una discusión por la que Anita quería dejarlo, "me empezó a pegar sin dejar de gritarme". Por esa reacción decidió volver a Chile.

En la patria

Yu la vino a buscar. "Ese mismo día tuve que acostarme con él. Fue horrible, estaba hediondo, lleno de espinillas...". Venía con un bolso lleno de dinero y las ganas de casarse, pero volvió a pegarle. Por presión familiar, se casaron. Un día, "me confesó que se iba a morir, que tenía cáncer", se fue a Japón y volvía en las navidades. Al saber que su esposo había estafado a su corporación le dijo a la prensa nipona "deberían darle unas buenas patás en el culo por ladrón (...). Le dije que no lo quería (...) me di cuenta que a la gente no le gusta escuchar la verdad".

Andando por Suecia con unas amigas, Anita conoció al administrador de un local cubano. Hubo química, con él se hizo socio en el "Delirio caribeño", también tuvo un hijo, pero se separaron.

Al final de esta narración de alegrías y penas de esta criolla, del sacrificio que hizo por sus hijos, de los buenos y malos momentos vividos en Japón, de su matrimonio por interés aseguró "no me arrepiento de nada de lo que elegí hacer en mi vida".


 
lacuarta@copesa.cl
Derechos reservados COPESA
Este sitio es parte de la red Terra Networks Chile S.A.
NOINDEX