Trabajos a punta de pincel y acuarela, cerámicas, chiches fabricados con desechos, joyitas elaboradas en cuero y sones de villancicos con instrumentos clásicos le pusieron alma navideña a la fiesta de clausura de los talleres para niños de la Fundación Mi Casa. Las estrellas de esta funcia fueron varios pesebres, con figuras de unos 20 centímetros, que dejaron con la boca abierta a los visitantes.
El acto se efectuó en los jardines de la Embajada de Brasil, donde chicuelos de hasta 15 años mostraron sus gracias, aprendidas bajo la batuta de cinco monitores que se la jugaron por el desarrollo artístico y cultureque de la barra bajita. El marco musical lo aportó la Orquesta Sinfónica Infantil de la institución solidaria.
Claudia del Mauro, relacionadora de Mi Casa, planteó que el laburo capacitador abarcó a 170 niños de un total de 500 que cobija la fundación.
Luis Sáez -10 años, alumno de cuarto básico en el colegio Brisas del Maipo- hizo yunta con su compañero Mauricio Grandón (11) y se empaparon del espíritu pascuero dándole forma a manso pesebre. El primero se encargó de los Reyes Magos, la Virgen, San José y el Niño Jesús, en tanto Luis le puso color a los animalitos.