|
|
| 22 de Diciembre de 2002 | |||
|
|||
| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
|
Actuaron a rostro cubierto y les pelaron hasta anillos de greda Banda de forajidos desplumó a los viajeros de un bus rural El asalto, donde sólo faltó John Wayne para que persiguiera a los forajidos, ocurrió precisamente en una zona que ha sido escenario de las mochas más duras entre peñis y huincas. En ese mismo sector fue donde hace unas semanas resulto herido el comunero mapuche Edmundo Lemus, quien posteriormente falleció. Según el coronel Alberto Galleguillos, subprefecto de los servicios de la Prefectura de Carabineros de Malleco, los encapuchados pertenecerían a la etnia mapucheli. El asalto ocurrió momentos después de que el bus que conducía Iván Aguilera tuvo que detenerse de un solo frenazo al ver que en medio del camino había una tremenda barricada con troncos, piedras y ramas. El chofer estaba a punto de bajarse echando garabatos contra los pesados que habían hecho la gracia, cuando desde distintos puntos empezaron a salir pericos con el rostro cubierto, la mayoría armados con chocos y escopetas con los que disparaban al aire, mientras que otros amenazaban con unos tremendos garrotes de luma. En un dos por tres, todos se encaramaron arriba del bus, donde el que hacía de lonko gritó a todo pulmón que era un asalto, rematando con el consabido "y no es chiste". Pálidos, los pasajeros se miraron unos a otros creyendo que el único perjudicado sería el chofer, con la plata de la venta de pasajes. La lividez se les acentuó cuando unos cuantos pericos les pusieron los chocos en el pecho y comenzaron a exigirles las billeteras, los celulares, los relojes, las gargantillas, los trariloncos, las trapelacuchas y hasta la última chaucha que llevaban en los bolsillos. Una vez que se embolsicaron las más de 30 lucas que llevaba el conductor y el aporte generoso de los pasajeros, los malandras la agarraron con el bus, al que le hicieron polvo casi todos los vidrios al tiempo que a sus víctimas les recordaban la parentela en lengua mapudungún y castellana. Luego, siempre disparando y chivateando como orates, desaparecieron en la espesura del bosque. El chofer del bus, repuesto del tremendo susto y más tiritón que saliente de caña, volvió a tomar el volante y se las endilgó derechito a la tenencia más cercana, donde dio cuenta de los hechos. Un profesor identificado como Nelson Vera, quien se las gana haciendo clases en una escuelita ubicada en las cercanías y que iba como pasajero, dijo que los asaltantes actuaron con extremada violencia y dispuestos a todo si oponían resistencia. Todos los antecedentes del caso pasaron a conocimiento del Ministerio Público, donde se ordenó iniciar de inmediato la investigación para dar con el paradero de los salteadores.
|
|