22 de Diciembre de 2002
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Plagio del contador de Codegua recuerda viejos episodios y obliga a parar las antenas a autoridades
Secuestro: Grito y plata para delincuentes
Héctor Cossio

El coronel Carlos Carreño fue liberado por el FPMR luego de permanecer tres meses en cautiverio. Apareció en la redacción de un diario en Sao Pablo.

(Foto: Copesa)

El secuestro de Cristián Edwards ha sido el más largo de la historia chilena. debió pasar cerca de cinco meses en una pieza de dos por dos metros.

(Foto: Copesa)

En un bosque de eucaliptus, bajo la espesura de zarzamoras cubiertas de polvo, el ejecutivo de Agrosuper Manuel Valdivia Campos pasó 50 horas inmovilizado de pies y manos. Sus secuestradores, sobre quienes se desata una feroz cacería, le pusieron una bolsa de basura en la cabeza, lo amenazaron sin golpearlo y se confundieron entre los lugareños. Una inusual tensión se apoderó de Codegua, comuna de Graneros, Sexta Región, desde el mismo miércoles 18 en que se produjo el plagio.

El rapto del contador, quien fue liberado en la madrugada del viernes, previo pago de un millonario rescate cercano a las 50 guatas -que aún no ha sido confirmado-, despertó la preocupación de las policías y del Ministerio del Interior acerca del peligro latente de que se extienda en Chilito el secuestro por extorsión, delito que ha aumentado irracionalmente en el resto de América Latina, superando incluso al típico robo que durante décadas reinó como amo y señor de la delincuencia ordinaria.

Método adaptable

El secuestro es adaptable a todo tipo de propósitos. Se le conoce mundialmente por su pololeo con las guerrillas colombianas, su carácter de crueldad sofisticada en el tiempo en que los narcos atemorizaban a ese país con una guerra contra el Estado, la rapidez con que los delincuentes comunes exigen los rescates y por las múltiples consecuencias sicológicas que experimenta el secuestrado y que lo llevan incluso a demostrar afecto por sus captores (ver nota aparte).

Aunque el subse del Interior, Jorge Correa Sutil, ha preferido el silencio para no meter las patas después de reconocer hace algunos días que se había registrado en Santiago el primer secuestro express, el rumor de esta violación a los derechos humanos se hace cada vez más constante, sobre todo después de la experiencia del contador Valdivia, que vuelve a la memoria casos como el secuestro del teniente coronel Carreño y del empresario periodístico Cristián Edwards, ambos a manos del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, el grupo criollo más prolífico en esta modalidad.

Por la revolución

El primer caso que se recuerda en Chile, donde se pagó una millonaria suma por un rescate, afectó al teniente Coronel Carlos Carreño Barrera, en 1987.

El 1 de septiembre de ese año, un comando del FPMR secuestró al militar a pocas cuadras de su casa en la comuna de Ñuñoa. Lo subieron a un auto y desapareció de la faz de la tierra. El plagio hizo que las policías y el Ejército realizaran innumerables allanamientos en todo el perímetro aledaño al Estadio Nacional. Se cuenta incluso que revisaron hasta las alcantarillas de las casas. Carreño fue liberado tres meses después en Sao Paulo, Brasil.

Este secuestro se asoció a la modalidad que durante los '80 encabezó el cubano Manuel "Barbarroja" Piñeiro, conocida como "bandidaje revolucionario". El término fue acuñado por el argentino Jorge Masetti, ex colaborador de Piñeiro en sus operaciones internacionales y conocedor de estas acciones que abarcaron desde secuestros y atentados hasta asaltos bancarios.

Más que un contenido ideológico, el modus operandi desarrollado por "Barbarroja" pretendía conseguir fondos que financiaran los movimientos subversivos de América Latina.

El caso Edwards

El 9 de septiembre de 1991, Cristián Edwards del Río, hijo del dueño de El Mercurio, Agustín Edwards, fue sorprendido por tres encapuchados a la salida de su trabajo en Providencia. Los antisociales lo cubrieron con un saco de dormir, lo introdujeron a un vehículo y se perdieron en la ciudad.

El secuestro del joven ejecutivo periodístico fue una de las últimas acciones de envergadura que realizó el FPMR y tenía como objetivo reunir fondos para el repliegue definitivo de la organización, además de la protección económica suficiente para mantener a sus militantes en la clandestinidad.

Según antecedentes que constarían en declaraciones de Mauricio Hernández Norambuena en el proceso por el homicidio de Jaime Guzmán, el secuestro comenzó a planificarse a comienzos de los '90, luego de concluir que el Frente necesitaba de una operación de envergadura para financiarse. Al propio Hernández le correspondió distribuir y coordinar las labores de los aproximadamente 20 subversivos que participaron en la operación.

El 1 de febrero de 1992, Cristián Edwards fue liberado luego que su familia pagara un millón de dólares.

Tiempos modernos

De todos los secuestros que diariamente se producen en el mundo, el express es el que ha concentrado el mayor aumento, destacándose como la empresa más fructífera de la delincuencia común.

A raíz de la crisis argentina, en el vecino país se calcula que este delito aumentó en un 505 por ciento respecto del 2001.

El secuestro express se caracteriza por la retención de uno o más miembros de una familia por delincuentes organizados en bandas. El objetivo es conseguir cierta cantidad de dinero los más rápido posible.

Según las experiencia colombiana y argentina, los delincuentes que se dedican a esta modalidad son pobres, con poca cultura y escasa preparación logística. Generalmente tienen entre 17 y 25 años y antecedentes penales en la adolescencia.

La última chupada del mate de esta extorsión la constituye el secuestro virtual, que consiste en causar alarma a raíz de un falso rapto. Los casos conocidos coinciden en que nunca se produce el secuestro, pero los delincuentes llaman a la familia y entregan antecedentes inequívocos, como por ejemplo la ubicación exacta del familiar, de modo de no provocar dudas.

Según estadísticas proporcionadas por la web Denunciemos.cl, el 90 por ciento de los secuestros express ocurre en la mañana y las víctimas preferidas son mujeres.

Sin bien esa página contempla algunas denuncias de secuestros donde se obliga a la persona a dirigirse hasta un cajero automático, la prensa colombiana, experta en todas las modalidad de secuestro, afirma que para constituir el delito debe haber negociación de por medio, de lo contrario se califica sólo como "rapto por robo".


 
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