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| 23 de Abril de 2004 | |||
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Juez Sergio Muñoz dictó histórica condena por incidentes en el "Clásico" del 2003 44 giles no podrán pisar estadios Alejandro Villegas Cortés
Al juez, que entró al salón de la fama, entre otras cosas, por tener sobre sus hombros la investigación del caso Spiniak, no le tembló la mano para sentenciar a 600 días de presidio a 41 jotes, mayoritariamente barristas de ambos equipos, y a 800 días a dos fanas a los que se les acreditó que confundieron las simples serpentinas con peñazcasos. En estos 43 casos, la pena fue remetida, onda no tendrán que tomar sol a cuadritos. La única situación donde la luma fue más heavy fue en la de Héctor Rodrigo Cabrera Aravena, a quien le cayeron 541 jornadas de reclusión nocturna, es decir que deberá ponerse el pijama en la cana. En tanto, Muñoz absolvió de cargos a otros 64 detenidos a los que no se les pudo comprobar una conducta punible en el recordado "Clásico", que fue suspendido por el pito Rubén Selman, luego que un camote dejara viendo estrellitas al jugador azul Nelson Pinto, y derivara en una querella criminal presentada por la Intendencia Metropolitana y el Consejo de Defensa del Estado. Lo novedoso del veredicto, además, fue que más allá de las condenas, el ministro Muñoz agregó un par de hechos que resultaron inéditos para nuestro país. Así, además de quedar fichados, los sentenciados desde ahora no podrán afiliarse a ningún club de fútbol profesional, ni a barras de los mismos. Mucho menos podrán desempeñar cargos públicos, así que podrán ir olvidándose de ser dirigentes deportivos. Como si fuera poco, el "juez de hierro" prohibió a los condenados asistir a los lances entre azules y albos. Y para cautelar la medida, los loquitos tendrán que asistir a las comisarías más cercanas a sus hogares, donde deberán esperar que acabe el pleito para volver a su vida normal. El no obedecimiento de las penas implicará al toque la detención de los afectados, pudiéndose aplicarles una sanción más dolorosa. De todos modos la resolución del ministro de fuero puede ser apelada por los lumeados y la propia intendencia, que puede considerar que el castigo fue muy mano blandeque y, eventualmente, podría exigir que el suplicido sea aún mayor.
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