24 de Junio de 2007
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Roberto Canessa, sobreviviente de la tragedia de los Andes, le devuelve la mano al arriero Sergio Hilario, quien lo rescató hace 35 años:


"Es como mi padre y lo traería a Uruguay para operarse"
Sohuita de Baño de los Cocos sufre terrible achaque a la cadera que le impide caminar con normalidad.


S. Foncea/ J. Pinto


Puro aguante.- Don Sergio Hilario apenas camina porque la artrosis muscular que sufre en la cadera derecha lo tiene para el gato. Sus amigos uruguayos se urgieron cuando cacharon de su mal y se comprometieron a prestarle ropa si es necesario. Además lo ayudará la subse de Salud.

(Foto: José Pinto)

Agradecido.- Roberto Canessa periódicamente llama al arriero para cachar cómo está.

(Foto: Copesa)

Terrible odisea.- Los rugbistas uruguayos aguantaron 72 días en la cordillera y quedaron eternamente agradecidos del arriero que los encontró.

(Foto: Copesa)

El arriero chileno que encontró a los uruguayos perdidos en la cordillera se convirtió en un héroe. Los integrantes del equipo de rugby quedaron eternamente agradecidos con el compadre que dio el grito de alerta. Roberto Canessa y Fernando Parrado bajaron la montaña en busca de ayuda y luego de 10 días cacharon al otro lado del río San José a Sergio Hilario Catalán.

Le lanzaron dentro de una botella una carta escrita con lápiz labial que decía: "Vengo de un avión que cayó en la montaña. Soy uruguayo. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan 14 personas. Tenemos que salir rápido de aquí y no sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles. ¿Cuándo nos van a buscar arriba? Por favor, no podemos ni caminar. ¿Dónde estamos?".

Sergio Hilario fue a buscar ayuda y al otro día los 16 sobrevivientes durmieron con las patitas calientes. 35 años más tarde los cabros del avión son profesionales bacanes, mientras que el arriero vive a medio morir saltando en el sector rural de Baño de los Cocos, cerca de Roma, donde el tata de 78 pepas sufre achaques que le impiden caminar.

Don Checho tiene artrosis muscular en la cadera derecha y hace un buen rato que está tramitando una operación en el Hospital de San Fernando, pero el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos...

"Me dijeron que tenía que esperar no sé cuánto. Cuando Roberto Canessa supo de mi salud me dijo que todo el pueblo uruguayo estaba pendiente de mí y que si era necesario me llevarían a su país a operarme en una clínica de lujo", contó orgulloso.


-¿De qué vive?


- Vivo con una miserable pensión de gracia de 60 lucas. Gracias a Dios tengo el apoyo de mis 9 hijos y de mi señora.


-¿Qué recuerda del año '72?


- Muchos, pero me marcó cuando el presidente del Colo Colo me invitó a ver un partido en el estadio Centenario de Montevideo.

Ídolo

Preocupados por la suerte de don Checho llamamos con cobro revertido a Roberto Canessa. El compadre que se convirtió en pediatra sabía que el arriero está malena de salud y nos contó que personalmente hizo movidas para que lo atiendan pronto. "Él para mí es como un padre, así que si es necesario me lo traigo a Uruguay para que se mejore", contó el charrúa.

También le avisamos a la subse de Salud, Lidia Amarales, sobre el drama del arriero jubilado. La autoridad se preocupó del caso, se reunió con él y se comprometió a que recibirá la atención que corresponde a un prócer de su categoría.

"Muchos eran mejor que yo y murieron..."

El 13 de octubre de 1972 un avión de la Fuerza Aérea uruguaya con 45 pasajeros se fue guarda abajo en los faldeos del volcán Tinguiririca. 16 murieron de inmediato, a la primera semana una avalancha sepultó a 8 y en los días siguientes fallecieron 5 más.

Al final 16 valientes soportaron 72 días en medio de la nieve. El 22 de octubre ya no tenían comida, así que el estudiante de medicina de 19 años, Roberto Canessa, propuso alimentarse de los muertos. Después de muchos rezos y discusiones, todos aceptaron.

El 12 de diciembre tomaron otra decisión. Tres cabros salieron a buscar ayuda. A uno no le dio el cuero y volvió enseguida, pero dos siguieron adelante. Tras 10 días de caminata, Canessa y Fernando Parrado (que perdió a su mamá y una hermana) se encontraron con el arriero Sergio Catalán. El calvario había terminado.

Parrado recuerda "el frío espantoso. A mis amigos que no tuvieron mi suerte. Que eran mucho mejores que yo y murieron. Me acuerdo del momento más horrible de todos, cuando con Roberto subimos al pico más alto de los Andes esperando ver verde y chimeneas con humo y nos encontramos con el mismo panorama desolador de siempre: Montañas y montañas y montañas, cada cual más alta. Te puedo decir que me derrumbé. Pero no podíamos permitir que los sentimientos nos controlaran y le dije a Roberto que no me quería morir parado en la montaña, que me iba a morir caminando y que teníamos que seguir".

En ese entonces los cabros confesaron que cuando vieron al chileno "literalmente" se estaban muriendo.


 

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